EMPECEMOS A ESCRIBIR NUESTRO CUENTO
Inicio o planteamiento - 1ra Parte:
Comenzamos con la primera de las partes de un cuento, es decir, el inicio o también llamado "planteamiento" o "presentación". Se refiere al comienzo de la historia, el momento en el que el autor contextualizará al lector tanto en el lugar en el que se encuentra la narración, los personajes que intervendrán en ella y los presentará ligeramente para que tengamos una idea de quiénes son y lo que buscan.
El inicio de un cuento es el momento en el que el autor nos presenta la "normalidad" de la historia, ese momento apacible en el que viven los personajes y que luego será quebrantado por la irrupción del nudo que será el motor el desencadenante de la acción narrativa. Así pues, el objetivo de esta primera parte del cuento es mostrarnos a los personajes y en entorno o momento en el que viven tranquilamente, previo a la aparición de la acción.
Aquí es cuando se tiene que "presentar" (de ahí el nombre) tanto la situación como a los personajes y, si tienen alguna particularidad, centrarnos en ella pues, más adelante, no tendremos tiempo para detenernos en estos detalles minuciosos porque estaremos plenamente metidos en el nudo de la historia.
ATENTOS!!!
En el inicio de cuento debe definirse:
1. Cuando ocurre la acción: Época o tiempo.
2. Donde ocurren los hechos: Lugar.
3. Quien o quienes: los personajes del Cuento.
Nota: Recuerda ir ilustrando con imágenes en cada diapositiva tu cuento.
ACTIVIDAD: En el cuaderno y en el PC.
Después de haber diseñado el personaje que narra el cuento y haber hecho la presentación de los personajes debras realizar los siguiente:
- Realiza una síntesis o resumen en tu cuaderno del texto inicial de ésta clase.
- Dibuja en tu cuaderno el personaje que contará tu cuento.
- Empieza de desarrollar en la diapositiva 3, 4 y 5 la historia de tu cuento así:
- Cuando ocurre la acción: Época o tiempo
- Donde ocurren los hechos: Lugar.
- Quien o quienes: Como intervienen los personajes.
Cibergrafía: www.unprofesor.com
Ejemplo:
Había una vez un hombre y una mujer que vivían solos y desconsolados por no tener hijos, hasta que, por fin, la mujer concibió la esperanza de que Dios Nuestro Señor se disponía a satisfacer su anhelo. La casa en que vivían tenía en la pared trasera una ventanita que daba a un magnífico jardín, en el que crecían espléndidas flores y plantas; pero estaba rodeado de un alto muro y nadie osaba entrar en él, ya que pertenecía a una bruja muy poderosa y temida de todo el mundo. Un día asomóse la mujer a aquella ventana a contemplar el jardín, y vio un bancal plantado de hermosísimas verdezuelas, tan frescas y verdes, que despertaron en ella un violento antojo de comerlas. El antojo fue en aumento cada día que pasaba, y como la mujer lo creía irrealizable, iba perdiendo la color y desmirriándose, a ojos vistas. Viéndola tan desmejorada, le preguntó asustado su marido: "¿Qué te ocurre, mujer?" - "¡Ay!" exclamó ella, "me moriré si no puedo comer las verdezuelas del jardín que hay detrás de nuestra casa." El hombre, que quería mucho a su esposa, pensó: "Antes que dejarla morir conseguiré las verdezuelas, cueste lo que cueste." Y, al anochecer, saltó el muro del jardín de la bruja, arrancó precipitadamente un puñado de verdezuelas y las llevó a su mujer. Ésta se preparó enseguida una ensalada y se la comió muy a gusto; y tanto le y tanto le gustaron, que, al día siguiente, su afán era tres veces más intenso. Si quería gozar de paz, el marido debía saltar nuevamente al jardín. Y así lo hizo, al anochecer. Pero apenas había puesto los pies en el suelo, tuvo un terrible sobresalto, pues vio surgir ante sí la bruja. "¿Cómo te atreves," díjole ésta con mirada iracunda, "a entrar cual un ladrón en mi jardín y robarme las verdezuelas? Lo pagarás muy caro." - "¡Ay!" respondió el hombre, "tened compasión de mí. Si lo he hecho, ha sido por una gran necesidad: mi esposa vio desde la ventana vuestras verdezuelas y sintió un antojo tan grande de comerlas, que si no las tuviera se moriría." La hechicera se dejó ablandar y le dijo: "Si es como dices, te dejaré coger cuantas verdezuelas quieras, con una sola condición: tienes que darme el hijo que os nazca. Estará bien y lo cuidaré como una madre." Tan apurado estaba el hombre, que se avino a todo y, cuando nació el hijo, que era una niña, presentóse la bruja y, después de ponerle el nombre de Verdezuela; se la llevó.
Verdezuela era la niña más hermosa que viera el sol. Cuando cumplió los doce años, la hechicera la encerró en una torre que se alzaba en medio de un bosque y no tenía puertas ni escaleras; únicamente en lo alto había una diminuta ventana. Cuando la bruja quería entrar, colocábase al pie y gritaba:
"¡Verdezuela, Verdezuela,
Suéltame tu cabellera!"
Verdezuela tenía un cabello magnífico y larguísimo, fino como hebras de oro. Cuando oía la voz de la hechicera se soltaba las trenzas, las envolvía en torno a un gancho de la ventana y las dejaba colgantes: y como tenían veinte varas de longitud, la bruja trepaba por ellas.
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